COVID-19. ¿QUÉ PASARÁ MAÑANA?

Ha sido muy difícil volver a escribir porque ante una situación de dolor global solo nos salía quedarnos en silencio, un silencio rotundo en pos del respeto a las más de 10.000 víctimas y a sus familiares que han fallecido hasta el día de hoy en nuestro país. Lejos de ofreceros contenidos online o contenidos retrasados, nos gustaría hacer una reflexión junto a cada uno de vosotros acerca de lo que está pasando y sobre las consecuencias que traerá una de las pandemias más importantes que está atacando al ser humano en pleno siglo XXI.

Como teóricos y observadores de lo que sucede en la sociedad del siglo XXI, Madridartprocess quiere hacer una profunda reflexión sobre como está siendo esta pandemia y lo que nos cambiará para siempre la vida a todos, incluso después de que pase este nuevo registro de agresión a nuestra libertad. Puede ser que esta revista por ser dirigida desde la filosofía, desde la reflexión de lo contemporáneo, nos aporte ideas que en otros medios no podemos encontrar.

Quién creyera que el concepto de guerra en el siglo XXI se iba a desarrollar con cañones, munición, bombardeos o represión, se equivoca. La guerra del siglo XXI tiene que ver más con la sociedad de masas, con el control de ellas, la libertad y el miedo. Así empezó este siglo XXI con los trágicos acontecimientos vinculados al terrorismo y ahora después de 20 años nos volvemos a encontrar con un fenómeno nuevo, que de un modo u otro, cambiará para siempre nuestra forma de vida. Por ello, la mirada del hombre contemporáneo debe estar hoy más despierta que nunca, alejada de insignias políticas, de banderas, de territorios, siendo este un buen momento para reflexionar desde un lugar mucho más profundo, que no es otro, que la esencia del ser humano y el miedo a la pérdida de lo más sagrado que tiene, su propia vida.

Como apuntábamos anteriormente, en estos días irremediablemente todos recordamos fechas terribles en nuestro calendario donde todo lo que habíamos conseguido como sociedad democrática y libre de repente había sido arrebatado. Recordamos la fecha del 11S como un antes y después en cuanto a la pérdida de libertades, y como no, también nos viene a la memoria los trágicos acontecimientos del 11M que dieron lugar a que nuestra ciudad se volviera gris por una serie de hechos que proclamaban el advenimiento de una religión irracional e imperativa. Todo aquello fue terrible, pero esto no tiene nada de diferente con lo anterior. Puede ser que los agentes sean distintos, uno el terrorismo, otro un virus, pero en lo que se traduce al ataque de nuestra libertad como individuos es lo mismo, miedo y por lo tanto la pérdida inmediata de nuestras libertades.

Todavía está por demostrar que este virus parte de la naturaleza y no de la mente perversa del ser humano, esperamos que no. Tendríamos una nueva modalidad de crueldad en el mundo, que tampoco es tan raro, viendo cómo se mueve este sistema global sustentado en lo geopolítico y en lo económico. Una vez más se demuestra que en momentos de crisis mundial el sistema financiero vuelve a tener preferencia dejando atrás a los seres humanos convirtiéndolos en meras estadísticas. Y es en este punto precisamente donde el hombre contemporáneo debe ejercer su crítica más dura defendiendo nuestro derecho a vivir, ya que las personas fallecidas no son parte de una estadística que cotiza en bolsa, sino que son personas, vidas humanas, gente que tiene familia, hermanos, madres, padres, personas a las que les debemos estar aquí y que nos han hecho de alguna manera ser mejores.

Lo otro es economía, materialismo, partidismo y política, porque evidentemente cada uno rema hacia su orilla, y nuestra orilla debería ser siempre ver a las personas como individuos. Estamos siendo testigos mudos de una especulación terrible con los medios sanitarios, una especulación que roza la delincuencia y que hace una vez más que existan clases ante una crisis global.

A diferencia de lo que nos cuentan en los medios generalistas y desde las instituciones, cada vez más desgastadas por su falta de verdad, esta crisis epidémica no se va a resolver ni en un mes, ni en dos, ni en tres. Entendemos que no se puede alertar a la población, pero tampoco tratarnos como menores de edad, ya que según afirman los expertos esta pandemia ha venido para quedarse y tendrá que convivir con nosotros en los próximos años. Precisamente eso es lo que más nos preocupa, nos hacen creer que todo acabará cuando la gente empiece a salir a la calle, pero creemos que precisamente esa será la parte más preocupante y compleja de esta terrible situación.

Sin querer adelantarnos a los acontecimientos, pensamos que indudablemente ya nada será igual, porque la sociedad quedará dividida entre los que ya han sido infectados y los que aún no han contraído el virus. Y ambos tendrán que salir a la calle y convivir. ¿Cómo llevaremos eso a cabo? Pues no sabemos, pero sí está claro que en ese momento se formaran dos tipos de grupos sociales o clases, aquellos que puedan circular de forma libre por todos los espacios, y otros que tendrán que seguir protegiéndose del contagio hasta que exista una cura definitiva ante esta pandemia. Una vez más, esto lo único que generará es más desigualdad en la sociedad fuera de la perspectiva económica, que en ese sentido nos ha afectado a todos por igual.

También creemos que, en cuanto a las relaciones humanas, al contacto con los otros ya nada será igual, porque también hemos aprehendido una serie de movimientos acción - reacción que nos hacen alejarnos del otro por el miedo al contagio. Será muy difícil volver a sentirse tranquilo en sociedad, en la masa, porque allí es precisamente donde podemos perder la individualidad del yo, poniendo en peligro nuestras propias vidas y pasando a ser parte de la estadística.

Mucha gente del mundo de la cultura se pregunta estos días cuando se podrán abrir teatros, cines, museos, conciertos, pero tampoco tenemos la respuesta porque ante una situación tan compleja no sabemos como podremos volver a mezclarnos en una sala entre unos y otros sin que tengamos miedo a un contagio masivo. Expertos afirman que en otoño puede que haya un repunte  y eso precisamente serán las consecuencias de que nos digan un día que podemos salir todos a la calle.

Sobre la gestión de esta crisis, que seguro que es muy complicada, no podemos afirmar otra cosa que ha sido un verdadero desastre. Desde hace mucho tiempo lo institucional ya no es creíble para nadie, la versión oficial de las cosas se traduce precisamente en ese control de las masas para tenernos tranquilos con información sesgada, contradictoria y alejada cada vez más de la verdad, de aquello que está sucediendo y que todos estamos viendo y viviendo. Los políticos como casta privilegiada nos llaman a las urnas mil veces, pero luego cuando realmente los necesitamos para gestionar nos dejan morir, solo somos masa para ellos y la masa da vértigo porque se pierde la individualidad de nuestras vidas. La individualidad precisamente es el secreto de muchos de los grandes logros de la humanidad, mientras que el concepto de masa tiene que ver con lo global, con poner en marcha un control sobre ella que nos va aislando de la verdad por miedo a la reacción precisamente de esta.

Recordamos que hace apenas unos meses los ciudadanos del mundo tomábamos conciencia de la erosión de nuestro planeta y la naturaleza, implicándonos de forma seria, con la reducción del plástico. Por eso ahora también nos gustaría reflexionar sobre ¿Cuánto plástico hemos consumido hasta el día de hoy por esta crisis? Quizás no tenga nada que ver, pero es curioso la capacidad que tiene el sistema de hacernos cambiar de registro de un día para otro.

Precisamente este sistema, defectuoso, materialista, y de consumo que nos había acostumbrado a conseguir todo lo que quisiéramos a golpe de tarjeta, nos hace creer que lo económico es más importante que parar la pérdida de vidas humanas. Lo peor, es que no saben que un pueblo herido de guerra, es un pueblo resentido para siempre con su clase política. Tenemos la sensación de que ya no les necesitamos, porque no nos han cuidado, no nos han valorado y lo peor nos han puesto a la población junto a los sanitarios en primera línea de muerte sin ninguna protección. Solo sentimos vergüenza por una crisis que se sabía desde enero y que podría haber sido gestionada de muchas formas, siendo gestionada de la peor, desde la mentira y el engaño. Una vez más nos gustaría recordar y recomendar que llevar mascarilla no es una excentricidad ni una exclusividad de oriente, y que en occidente por mucho que nos cueste o nos moleste, será también imprescindible para poder seguir salvando vidas humanas.

 

Eduardo Álvarez | Madrid | 1 de Abril 2020

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